Categoría: Psicología general

Bienestar emocional en familia: hábitos cotidianos

Bienestar emocional en familia: hábitos cotidianos

En la vida diaria, el hogar se convierte en el primer escenario donde aprendemos a reconocer y gestionar nuestras emociones. Entre prisas, tareas y pantallas encendidas, a menudo olvidamos que pequeños gestos cotidianos pueden marcar la diferencia en el bienestar emocional de toda la familia.

Más que grandes planes o discursos profundos, son las rutinas sencillas —una conversación a la hora de la cena, una mirada de complicidad o un silencio respetuoso— las que construyen un clima afectivo saludable. Este artículo propone explorar esos hábitos cotidianos que, sin hacer ruido, sostienen la armonía emocional en familia.

Cuidar de uno mismo para cuidar de los demás autocuidado emocional de madres padres e hijos

Dedicar pequeños momentos al cuidado propio ayuda a mantener la calma y la paciencia, y sirve de ejemplo para los niños; cuando los adultos priorizan su bienestar, toda la familia gana en estabilidad emocional. Establecer hábitos sencillos es más efectivo que buscar soluciones grandiosas que no se sostienen en el tiempo.

  • Respira: 5 minutos de respiración consciente al día.
  • Pide ayuda: compartir tareas reduce la carga emocional.
  • Rutinas: horarios regulares para dormir y comer mejoran el ánimo.

Marcar límites con ternura y tomar pausas breves permite recargar energía y responder con más presencia; enseñar a los hijos a nombrar emociones facilita el diálogo familiar. Pequeños cambios cotidianos generan un clima afectivo donde cada miembro se siente cuidado y capaz de cuidar a los demás.

Actividad Duración Beneficio
Respirar consciente 5 min Reduce estrés
Paseo en familia 20 min Conexión y movimiento
Hora sin pantallas 30 min Mejor sueño

Comunicación que conecta escuchar de verdad sin juicios y hablar desde el respeto

Creer en la palabra del otro empieza por dejar espacio: guarda el móvil, mira a los ojos y practica el silencio que permite que se exprese sin interrupciones. Al escuchar, evita formular respuestas inmediatas y, en su lugar, refleja lo que has entendido para comprobar que conectas con su emoción y no con tu opinión.

Hablar desde el respeto es elegir palabras que suman: usa frases en primera persona y evita etiquetas o juicios que cierren la conversación. Preguntas abiertas y tonos calmados invitan a colaborar, transformando conflictos en oportunidades para comprenderse mejor.

  • Practicar turnos de voz en la sobremesa.
  • Usar «yo siento» antes de expresar una crítica.
  • Tomar 2 minutos para resumir lo que escuchaste.
Práctica Duración Beneficio
Escucha sin interrupciones 5 min Mayor empatía
Frases en primera persona Continuo Menos defensas
Resumen mutuo 2 min Claridad

Pequeños rituales diarios que fortalecen el vínculo familiar

Los gestos cotidianos son el pegamento emocional de la casa: un abrazo antes de salir, la pregunta sincera sobre el día o apagar pantallas durante la cena. La constancia en estas pequeñas acciones enseña respeto, seguridad y apertura entre todos.

Incorpora hábitos breves que sumen sin exigir tiempo extra; un minuto de gratitud o compartir una anécdota antes de dormir generan recuerdos compartidos. Estos detalles fomentan la empatía y construyen una rutina afectiva que perdura.

  • Desayuno juntos: habla breve y conexión matinal.
  • Ritual de despedida: un gesto que refuerza la seguridad.
  • Minuto de gratitud: práctica de escucha y reconocimiento.
Actividad Duración Beneficio
Desayuno conjunto 10–15 min Comunicación
Abrazo de despedida 30 seg Seguridad
Ronda de gratitud 1–2 min Aprecio mutuo

Gestión tranquila de los conflictos transformar discusiones en oportunidades de aprendizaje

Respirar profundo y nombrar la emoción en voz baja reduce la reactividad y abre espacio para el entendimiento. Practicar la escucha activa cada día convierte las tensiones en pequeños ejercicios de conexión y aprendizaje, donde nadie pierde la dignidad.

Establecer reglas familiares para conversar —tiempo limitado, respeto de turnos y opción de pausa— aporta seguridad y evita escaladas; así las diferencias se manejan con claridad. Convertir errores en lecciones refuerza la confianza mutua y el crecimiento compartido.

  • Pausa segura: acordar una señal y tomar 5 minutos para calmarse.
  • Turnos de palabra: cada persona resume lo que escuchó antes de responder.
  • Solución conjunta: proponer alternativas y elegir una por consenso.

Celebrar pequeñas reconciliaciones normaliza el aprendizaje y muestra que las discusiones pueden terminar en acuerdos útiles. Con práctica cotidiana, la casa se convierte en un taller donde se forjan habilidades emocionales para toda la vida.

Situación Acción rápida
Grito por estrés Señal y 5 minutos de silencio
Malentendido Parafrasear antes de responder
Repetición de conflicto Plan breve y responsable

Crear un ambiente en casa que favorezca la calma el juego y la expresión emocional

Crear espacios con luz cálida, texturas suaves y objetos a la altura de los niños facilita que la casa invite a la tranquilidad y al juego espontáneo. Mantén el orden básico y reduce estímulos visuales para que sea más sencillo concentrarse y regular las emociones.

Las rutinas y la accesibilidad de materiales fomentan la autonomía: establece momentos sin pantallas, un rincón de calma y tiempos para jugar sin prisas. Los adultos, con palabras y gestos, deben nombrar emociones y ofrecer alternativas sencillas para expresarlas.

  • Rincón de calma: cojines, temporizador suave, libro sensorial.
  • Juego accesible: cajas abiertas con materiales creativos y rotación mensual.
  • Mural emocional: pegatinas para señalar cómo se siente cada miembro.
  • Transiciones amables: señales visuales y canciones cortas.
Zona Propósito
Rincón de calma Regulación y respiración
Zona de juego libre Exploración y creatividad
Mural de emociones Comunicación y reconocimiento

Conclusión

Cuidar del bienestar emocional en familia no exige grandes gestas, sino una suma silenciosa de gestos cotidianos. Cada mirada atenta, cada escucha paciente, va tejiendo un hogar más habitable por dentro.

Estos hábitos no buscan familias perfectas, sino vínculos más honestos y humanos. Cuando las emociones tienen un lugar seguro en casa, la vida diaria deja de ser una carrera y se convierte en un camino compartido.

No se trata de cambiarlo todo de un día para otro, sino de elegir un pequeño gesto distinto hoy. Con el tiempo, esas decisiones mínimas terminan dibujando una nueva forma de estar juntos.

Al final, el bienestar emocional familiar es un proceso en construcción constante. Y cada día ofrece una nueva oportunidad para seguir edificándolo, palabra a palabra, abrazo a abrazo.

Psicología del deporte: motivación y rendimiento

Psicología del deporte: motivación y rendimiento

La psicología del deporte se ha convertido en un pilar silencioso detrás de récords, medallas y gestas que parecen imposibles. Más allá de la fuerza física y la técnica depurada, es la mente la que sostiene el esfuerzo en los momentos decisivos y define si un deportista se derrumba o se supera a sí mismo.

En este escenario, la motivación actúa como el motor invisible que impulsa cada entrenamiento, cada renuncia y cada intento de mejorar. Entender cómo se construye, se mantiene o se pierde no solo ayuda a optimizar el rendimiento, sino que también permite acercarse al deporte desde una mirada más humana y completa.

Comprender la motivación deportiva desde dentro: tipos, fuentes y mitos frecuentes

Comprender la motivación deportiva desde dentro: tipos, fuentes y mitos frecuentes

La motivación deportiva surge de dinámicas internas y externas: la motivación intrínseca se alimenta del placer por mejorar, mientras que la extrínseca responde a premios o reconocimiento. Entender estas fuentes permite diseñar entrenamientos que no solo exijan, sino que también inspiren.

  • Pasión personal: disfrute y curiosidad por la disciplina.
  • Logros visibles: medallas, contratos y evaluación externa.
  • Metas claras: objetivos concretos que orientan el esfuerzo.
  • Miedo o presión: puede impulsar a corto plazo, pero desgasta.
Tipo Señal típica
Intrínseca Placer en la mejora
Extrínseca Recompensas externas
Amotivación Desinterés y abandono

Algunos mitos habituales —como que “más horas de entrenamiento siempre mejoran el rendimiento”— olvidan factores como la recuperación y la autonomía. Aplicar principios de la Teoría de la Autodeterminación (autonomía, competencia, relación) ayuda a transformar incentivos en compromiso sostenible.

Diseñar objetivos inteligentes para entrenar la mente: del resultado al proceso

Entrenar la mente exige transformar deseos vagos en hábitos concretos: el foco deja de estar en el marcador y se sitúa en las conductas que mejoran el rendimiento. Al diseñar objetivos inteligentes se reduce la incertidumbre y se crea una ruta repetible hacia la mejora.

Cómo transformarlas: Enfócate en acciones pequeñas, medibles y dependientes de ti.

  • Practicar visualización 10 minutos tras cada sesión.
  • Respiración diafragmática 3 veces antes de competir.
  • Registrar un aprendizaje específico después de cada entrenamiento.
Resultado Objetivo de proceso
Ganar el torneo Simular cierre de partido 10 veces/semana
Más confianza Anotar 1 logro diario en el cuaderno
Mejorar concentración Entrenar foco 15 min con estímulos controlados

Al priorizar procesos medibles y adaptables, la motivación se sostiene y el rendimiento se vuelve una consecuencia natural del trabajo bien diseñado.

Estrategias psicológicas para competir mejor: concentración, autodiálogo y manejo del estrés

Focaliza en señales concretas: la respiración, el ritmo de los pasos y un punto visual fijo que actúe como ancla entre jugadas. Practicar interrupciones controladas durante los entrenamientos convierte la distracción en una habilidad gestionable.

El autodiálogo debe ser breve, específico y en presente para reorientar la acción en milisegundos; frases como «bien hecho» o «siguiente acción» reducen la rumiación. Complementa con microrutinas que devuelvan confianza en segundos.

  • Frases cortas: 1–3 palabras positivas.
  • Preguntas útiles: ¿Qué puedo controlar ahora?
  • Anclaje físico: toque rápido en la muñeca para resetear foco.

Para el manejo del estrés, combina respiración controlada con pasos concretos: reconocimiento rápido de la emoción y acción técnica inmediata. Entrenar estas secuencias baja la tensión y mantiene el rendimiento bajo presión.

Técnica Objetivo Duración
Respiración 4-4 Calmar pulso 10–20 s
Autodiálogo Reorientar foco 1–3 s
Anclaje físico Reset instantáneo ≤1 s

Construir resiliencia deportiva: aprender del error sin perder confianza

Transformar un fallo en información útil convierte la frustración en ventaja: cuando el deportista analiza causas con curiosidad, reduce la carga emocional y mantiene la confianza en sus capacidades. Trabajar procesos concretos —ritmo de entrenamiento, decisiones en competición, rutina de recuperación— permite sustituir la culpa por pasos accionables.

Pequeñas prácticas refuerzan la resiliencia sin endurecer la autoexigencia; la autoconversación guiada, el feedback específico y metas a corto plazo sostienen la motivación. Apoyarse en el equipo técnico y en rutinas recuperadoras evita que un error se convierta en un retroceso psicológico.

  • Analizar: identificar qué salió y por qué sin juzgar.
  • Planificar: definir un ajuste concreto para la próxima sesión.
  • Reforzar: recordar logros previos y señales de progreso.
Señal Acción breve
Frustración intensa Respiración 3–5 min
Repetición del error Fragmentar la tarea
Pérdida de foco Recordatorio de objetivo

El papel del entorno en el rendimiento: entrenadores, familia y equipo como aliados psicológicos

Un entrenador que sabe comunicar expectativas claras y gestionar el feedback convierte la presión en reto. Ese clima técnico influye directamente en la confianza y la percepción de control del deportista.

La familia y los compañeros actúan como red emocional: sostienen en las derrotas y celebran los logros, modulando la motivación cotidiana. Pequeñas señales —ánimos, límites y rutinas— construyen seguridad psicológica.

  • Refuerzo positivo: reconocer el esfuerzo, no solo el resultado.
  • Rituales: rutinas precompetición que reducen la ansiedad.
  • Comunicación: feedback honesto y soluciones compartidas.

Cuando entrenador, familia y equipo comparten objetivos y lenguaje, el rendimiento se potencia porque el deportista percibe coherencia y apoyo. Crear estrategias conjuntas —sesiones educativas y reuniones periódicas— es tan importante como el trabajo físico.

Aliado Ejemplo Efecto
Entrenador Feedback estructurado Aumenta el foco
Familia Apoyo incondicional Mayor resiliencia
Equipo Normas compartidas Más cohesión

Conclusión

En definitiva, la psicología del deporte nos recuerda que el rendimiento no solo se entrena con el cuerpo, sino también con cada pensamiento, emoción y decisión que tomamos. Entender la motivación es abrir una puerta a nuevas formas de entrenar, competir y aprender de cada experiencia.

Ya seas deportista, entrenador o simplemente amante del deporte, escuchar “lo que pasa por dentro” puede cambiar la forma en que ves los resultados. Porque, al final, la verdadera victoria empieza mucho antes del pitido inicial: nace en la mente.

Estilos de apego: cómo influyen en tu vida

Estilos de apego: cómo influyen en tu vida

Desde que nacemos, aprendemos –sin palabras– qué esperar de los demás: si estarán ahí cuando los necesitemos, si nuestras emociones son bienvenidas o si es mejor esconder lo que sentimos. A este mapa invisible de confianza, miedo y esperanza lo llamamos “estilo de apego”, y aunque apenas lo notemos, marca el ritmo de muchas de nuestras relaciones presentes.

Tus reacciones ante el conflicto, la forma en que pides ayuda o la facilidad con la que te entregas (o te retraes) en el amor no son fruto del azar. Detrás suele haber un patrón aprendido en la infancia que hoy se activa como un piloto automático emocional, condicionando desde tus amistades hasta la manera en que te relacionas contigo mismo.

Comprender los cuatro estilos de apego y reconocer el tuyo en la vida adulta

Los vínculos tempranos marcan la forma en que buscas apoyo y gestionas la intimidad en la adultez. El apego puede manifestarse como seguro, ansioso, evitativo o desorganizado, y cada estilo imprime respuestas emocionales específicas en pareja, familia y trabajo.

Observar tus reacciones ante la cercanía, el conflicto y la pérdida ayuda a identificar tu patrón; la conciencia es el primer paso para cambiar.

  • Seguro: busca apoyo y mantiene límites saludables.
  • Ansioso: teme el abandono y exige muchas garantías.
  • Evitativo: prioriza la autonomía y evita la intimidad.
  • Desorganizado: mezcla búsqueda de cercanía con comportamientos impredecibles.

Pequeños cambios en la regulación emocional y prácticas relacionales sostenidas pueden transformar estas tendencias. Identificar tu estilo no es una etiqueta permanente, sino un mapa para elegir respuestas más libres y sostenibles.

Estilo Necesidad Comportamiento típico
Seguro Confianza Comunica y regula
Ansioso Aseguramiento Busca constantes garantías
Evitativo Autonomía Se distancia emocionalmente
Desorganizado Orden emocional Reacciones impredecibles

Cómo tu estilo de apego moldea tus relaciones de pareja amistades y vínculos familiares

Tu estilo de apego funciona como un mapa emocional que condiciona cómo buscas cercanía, gestionas conflictos y decides confiar. Aunque no determina tu destino, colorea cada reconciliación, celos y elección de pareja.

Al identificarlo puedes interrumpir patrones automáticos y elegir respuestas más sanas, por ejemplo:

  • Apego seguro: confianza y comunicación directa.
  • Evitativo: prioriza independencia y evita la intensidad emocional.
  • Ansioso: necesita confirmación constante y teme el abandono.
  • Temeroso/desorganizado: mezcla deseo de cercanía con miedo y confusión.

Con herramientas sencillas —establecer límites, pedir claridad o practicar regulación emocional— puedes transformar la calidad de tus relaciones familiares, amistades y parejas. La seguridad relacional se trabaja con constancia y pequeñas prácticas diarias.

Estilo Consejo corto
Seguro Mantén la comunicación abierta
Evitativo Comparte emociones en pasos pequeños
Ansioso Practica auto-reafirmación y pide claridad
Temeroso Busca apoyo terapéutico y ejercicios de tolerancia

Patrones emocionales y de comunicación según tu estilo de apego señales a las que prestar atención

Los estilos de apego influyen en tus respuestas emocionales y en la forma en que comunicas necesidades o malestares; suelen activarse sin que te des cuenta en momentos de estrés relacional. Identificarlos te ayuda a dejar de reaccionar en piloto automático y a escoger respuestas más sanas.

  • Apego seguro: expresa límites y afecto con coherencia y calma.
  • Apego ansioso: busca reafirmación constante y puede transmitir urgencia o celos.
  • Apego evitativo: recurre al silencio, la distancia o la minimización emocional.
  • Apego desorganizado: alterna entre acercamiento y rechazo con comunicación confusa.

Observa señales físicas (tensión, bloqueo de voz) y patrones verbales (acusaciones, suplicas, evasiones) para reconocer qué estilo domina tus relaciones. Practicar frases sencillas como «ahora me siento…» o pedir una pausa puede detener una espiral reactiva y abrir espacio a la negociación.

Estilo Señal rápida Acción útil
Seguro Comunicación clara Mantener límites
Ansioso Mensajes urgentes Solicitar confirmaciones concretas
Evitativo Silencio o distancia Invitar sin presionar
Desorganizado Contradicciones emocionales Buscar apoyo terapéutico

Estrategias prácticas para sanar un apego inseguro y construir vínculos más estables

Dar nombre a tus reacciones frente al rechazo o la distancia te permite desvincularte de respuestas automáticas y empezar a elegir. La autoconciencia y el apoyo profesional (terapia focalizada en apego) facilitan la reparación emocional y evitan caer en patrones repetidos.

Empieza con ejercicios concretos que aumenten la sensación de seguridad y conectividad. La constancia en acciones pequeñas crea nuevas huellas emocionales:

  • Pequeños riesgos: expresar una necesidad de forma clara y sin dramatizar.
  • Límites: practicar decir “no” y respetar el tiempo propio.
  • Rituales: acordar cómo reconectar tras un desencuentro.

La coherencia entre lo que sientes, dices y haces es la base para vínculos más estables. Busca relaciones que respondan con reciprocidad y celebra cada avance, por pequeño que parezca.

Cuándo buscar ayuda profesional y cómo elegir la terapia adecuada para trabajar tu estilo de apego

Si notas que repites patrones que te dejan insatisfecho, que tus reacciones son más intensas de lo esperado o que te cuesta confiar y abrirte, es señal de que conviene consultar a un profesional. Buscar ayuda temprana puede evitar que tu estilo de apego marque decisiones importantes y mejorar la calidad de tus vínculos.

Al elegir terapia, prioriza la experiencia específica en apego, la claridad sobre métodos y objetivos, y que te genere sensación de seguridad desde la primera sesión. No temas probar distintas aproximaciones hasta encontrar un profesional con quien te sientas escuchado y capaz de crecer.

  • Experiencia en apego: terapeuta formado en dinámicas relacionales.
  • Enfoque claro: explicación de técnicas y expectativas.
  • Objetivos concretos: metas prácticas para tu vida diaria.
  • Buena afinidad: comodidad y confianza en la relación terapéutica.
Terapia Qué suele trabajar
Terapia focalizada en la emoción Regulación emocional y vínculos
Terapia cognitivo-conductual Creencias y conductas relacionales
Terapia basada en el apego Modelos internos y patrones de relación

Conclusión

Entender tu estilo de apego no es una etiqueta fija, sino un mapa para recorrer tu mundo emocional con más claridad. Cada toma de conciencia abre una puerta a nuevas formas de relacionarte contigo y con los demás.

No se trata de cambiar quién eres, sino de transformar la manera en que te vinculas. A veces, el primer acto de libertad es reconocer de dónde vienen tus patrones.

Explorar tus heridas de apego puede ser incómodo, pero también profundamente liberador. En ese proceso, la vulnerabilidad deja de ser una amenaza y empieza a convertirse en tu mayor aliada.

Si lo deseas, puedes acompañarte de terapia, lecturas o conversaciones honestas para seguir profundizando. No hay un ritmo correcto: solo el tuyo.

Al final, tus relaciones no están determinadas por tu pasado, sino por lo que decides hacer con él. Tu forma de apegarte puede cambiar, y con ella, la historia que escribes en cada vínculo.

Inteligencia emocional: por qué es tan importante para nosotros y nuestros hijos

La inteligencia emocional es un conjunto de capacidades que el individuo posee desde su nacimiento o las adquiere a lo largo de su vida, en la cual se destacan el manejo de las emociones, el entusiasmo, el autocontrol y la empatía hacia los otros.

Este recurso permite que cada individuo se relacione mejor consigo mismo, con los demás y por ende se desenvuelva mejor en el trabajo, el estudio y en el manejo de los vínculos personales.

Se trata de una herramienta valiosa para evolucionar, lograr metas y mantener relaciones interpersonales armoniosas, entre otras virtudes. La clave es desarrollar este tipo de inteligencia en uno mismo para luego guiar a nuestros hijos para que también la apliquen en cualquier objetivo que deseen alcanzar.

A continuación, algunas claves para fomentar la inteligencia emocional en uno mismo y en nuestros hijos.

Trabajar la inteligencia emocional a nivel individual

Desarrollar la inteligencia emocional en uno mismo es una meta que se puede alcanzar si tomas el control de tu comportamiento, monitoreas tus pensamientos y eres consciente de las emociones que experimentas.

Ser consciente de lo que piensas para que puedas controlar tu comportamiento

Tú tienes la capacidad de identificar los diferentes pensamientos que generan determinadas emociones que luego son proyectadas exteriormente. Este ejercicio mental te ayudará a controlar tus emociones y evitar que éstas te controlen a ti.

Profundiza tu lenguaje emocional verbal

Por ejemplo: no digas solamente «estoy enfadado», mejor enuncia una frase completa que diga «estoy enfadado porque mi hermana me gritó innecesariamente». Describir tus sentimientos con palabras concretas te acerca a la solución de posibles problemas.

Procura desarrollar la auto-motivación

Puedes hacerlo concentrándote en la metas que te llevan a una felicidad interior genuina. Ten en cuenta que el camino hacia una meta tiene diversos problemas. Sin embargo, si te centras en el verdadero bienestar que experimentarás, vencerás los obstáculos que se se presenten y saldrás victorioso.

Trabajar la inteligencia emocional con tus hijos

Tú como padre puedes ayudar a tus hijos a que desarrollen la inteligencia emocional propiciando que ellos se conozcan a sí mismos, se acepten como son y puedan gestionar sus emociones con el objetivo de sentirse mejor consigo mismos.

Nombra claramente las emociones que tus hijos están sintiendo

Hazlo a medida en que ellos las están manifestando. Por ejemplo: «Entiendo que estés triste», «Estás un poquito enfadado», «Jugar en la plaza te hace muy feliz». Los niños no saben identificar las emociones, tu trabajo es guiarlos para que ellos las reconozcan y se familiaricen con ellas.

Educa a tus hijos a que acepten las emociones tal cual son

Es importante que lo hagan sin juzgarlas ni reprimirlas. Esta actitud promueve que ellos sean auténticos y de adultos sean individuos confiables.

Invita a tus hijos a que expresen libremente sus emociones

Si algo los hace felices, procura que lo sigan haciendo, ya sea bailar, jugar, practicar deportes. Si tienen un berrinche, tienes que guiarlos para que encuentre una solución saludable. Por ejemplo, en vez de golpear a un amigo porque le quitó un juguete, simplemente que le exprese que se lo devuelva.

Adolescentes y trastornos alimenticios: todo lo que debes saber para prevenirlo

Las claves de las enfermedades mentales

No siempre es fácil reconocer los síntomas, las causas y las consecuencias de los trastornos de alimentación. La desinformación que existe en nuestros días sobre los trastornos alimenticios y los estigmas a ellos asociados hacen muy difícil que el porcentaje de pacientes vaya reduciéndose. Además, los estereotipos causan que gran parte de los jóvenes que sufren estas enfermedades no tengan una rápida y fácil curación.

En este artículo queremos hablarte de los trastornos alimenticios más frecuentes y cómo se pueden prevenir siendo padres.

Anorexia: el monstruo que vive en la cabeza

La anorexia nerviosa es una de las enfermedades mentales más mortíferas entre la población occidental. La mayoría de pacientes son mujeres, pero ser hombre no exime de padecer este trastorno.

Generalmente, se caracteriza por el cese progresivo de la ingestión de comida y por lo que se conoce como distorsión corporal, aunque esto último no es clave a la hora de sufrir la enfermedad. El paciente de anorexia nerviosa persigue un brutal adelgazamiento y tiene miedo, sobre todas las cosas, a engordar de manera repentina o progresiva.

Por lo general, estas son las pautas que siguen los pacientes con anorexia, los cuales suelen presentar un peso corporal muy bajo.

Comúnmente, la anorexia es banalizada y pensada como una enfermedad física, lo cual supone un grave problema a la hora de conseguir un tratamiento exitoso. Lo más importante es que, en todo momento, el paciente y el entorno entiendan que se trata de una enfermedad mental. Esto suele entorpecer mucho la curación, ya que las enfermedades mentales son complicadas de tratar. Por eso es importante su prevención o, en última instancia, descubrirla a tiempo de encauzar el camino del paciente.

Los síntomas más comunes son:

  • Restricción de las comidas (la cual suele ser bastante progresiva)
  • Bajada exponencial de peso corporal
  • Obsesión creciente por la imagen física (muchas veces, la distorsión corporal es una de las complicaciones a la hora de tratar la anorexia nerviosa)
  • Miedo desmesurado por la obesidad

Los médicos suelen presentar la anorexia como un síntoma de otro tipo de patología, las cuales suelen recaer en depresión o ansiedad. Por esa razón, otros síntomas de este trastorno alimenticio pueden ser el cese de la realización de actividades anteriormente deseadas y los ataques desmesurados de pánico o ansiedad.

Una vez se detectan los síntomas, es importante tener en cuenta que la enfermedad debe ser tratada por profesionales. Ellos serán quienes dictaminen lo que se debe hacer, según cuán avanzada se encuentre la enfermedad. La psicoterapia es la solución que, a largo plazo, hará remitir el trastorno y ayudando al paciente no solo a ser consciente del problema sino también a querer ponerle solución.

Bulimia: la desgracia de quien la sufre

La bulimia nerviosa es, junto a la anorexia, el trastorno alimenticio más común hoy en día. Aunque no es tan mortífera como la otra, su curación puede ser más complicada.

Se caracteriza por periodos de ingestión desmesurada de comida que se aleja de lo saludable, lo cual es seguido de vómitos provocados en un intento de redimirse por el atracón previo. Los pacientes de bulimia no tienen por qué presentar un peso corporal más bajo de lo normal, haciendo muy difícil su detección.

Por lo general, las personas con bulimia presentan una erosión de la dentadura, producida por la provocación del vómito, así como en los dedos con los cuales el paciente incita el mismo. Otro tipo de purgas podrían ser el uso desmesurado de laxantes o el ejercicio excesivo y demasiado intenso, lo cual los pacientes utilizan para evitar la ganancia de peso. Además, la culpabilidad infligida por los periodos de atracón suele ser seguida de ayunos y bajos consumos de comida, para compensar la cantidad ingerida previamente.

El paciente de bulimia es más reticente al reconocimiento del problema, lo cual causa que el tratamiento se entorpezca en gran medida. La bulimia nerviosa es, al fin y al cabo, un trastorno mental cuya prevención es igualmente complicada de conseguir. Reconocer los síntomas puede ser clave a la hora de acabar con ella.

La detección temprana, clave para prevenir problemas mayores

La comorbilidad es, probablemente, lo más peligroso de los trastornos de alimentación. Para evitar problemas mayores, ya no solo relacionados con la salud mental sino también con lo físico, la pronta prevención o detención de los trastornos de la conducta alimenticia es clave.

Es muy importante que el entorno del paciente sea consciente de la peligrosidad de estas enfermedades, y que no se tienda a pensar en que se trata de una etapa o de una pose. Los estigmas y estereotipos relacionados con los trastornos alimenticios hacen mucho daño a la hora de detectar y prevenir los mismos. Nadie elige caer enfermo: el paciente no puede evitarlo. Pero quizá la persona que está a su lado sí puede hacerlo.

Gestión del estrés en época de exámenes

El estrés en los más jóvenes es un problema de gran peso durante la época de exámenes, sobre todo en los años de educación primaria, ya que es cuando los niños empiezan a tener consciencia sobre su entorno y sus decisiones. Hacer amigos, aprobar la materia, ser bueno en determinadas actividades y una larga lista son causantes de cambios en su actitud, alterando su personalidad durante los próximos años.

Algunas características que presentan los niños que pueden ser indicios de estrés son: el agotamiento físico, la introversión, irritabilidad, enfadarse con mayor facilidad e incluso los comportamientos agresivos. Todo esto plantea una pregunta:

¿Qué puedo hacer para que mi hijo deje de sentirse así?

Aunque gestionar el estrés pueda ser complicado, cada vez encontramos más recursos y medidas para cambiar estas situaciones desde casa. A pesar de esto, es importante destacar la importancia de los psicólogos infantiles. Cuando creamos que se trata de un caso grave, que pueda haberse dado por situaciones determinadas, es imprescindible acudir a ellos.

A continuación, destacaremos tres consejos para tratar de gestionar el estrés en los niños en época de exámenes.

1. Hablad de sus emociones

Es normal y comprensible que en esta época, donde se carga con más trabajo del habitual, los niños se agobien y se sientan presionados. No es necesario mencionar que cada niño tiene una capacidad diferente, y que a uno le puede costar más una materia que a sus compañeros. Esto puede producirles ansiedad al no entender a lo que se enfrentan. Por ello es indispensable que hablen sobre sus emociones, sobre qué les hace sentir de esa manera, qué les abruma y qué les cuesta. Procurar hacerles ver que no son peores por sentirse así y que es bueno exteriorizar las emociones.

2. Dale tiempo y espacio

Es probable que al principio el niño no entienda qué le está pasando ni por qué se siente de esta manera. El estrés es difícil de identificar cuando eres pequeño, ya que se trata de un conjunto de emociones que nunca han sentido antes. Por esto puede ser que al principio el niño no quiera hablar sobre el tema, que se cierre en banda y que necesite tiempo y espacio para procesar sus sentimientos. Es importante no agobiarle con hablar sobre el tema, recurrirá a ti cuando se sienta preparado.

3. Proporciónale tu apoyo

Para entender a un niño es indispensable que confíe plenamente en ti. Para lograr esto trata de mantener una comunicación constante en casa. El niño ha de ser capaz de hablar contigo sobre cualquier problema con el que se encuentre y que le haga sentir malestar. Debe entender que estas por y para él, que tu amor es incondicional y que no reaccionarás de manera inadecuada a nada de lo que te pueda contar. Es importante destacar que no se les debe obligar a hacer nada que no les guste, como pueden ser determinadas actividades extraescolares, ya que esto puede provocar estrés y ansiedad, haciendo que se sientan incómodos en el ámbito escolar.

Psicología clínica infantil

La psicología es una profesión dedicada al estudio de la conducta humana, así como de los distintos procesos mentales que forman parte de cada individuo. Cuando hablamos de la psicología clínica infantil, hacemos referencia a la rama de la psicología que se dedica al estudio de los distintos procesos cognitivos y conductuales presentes en un infante o niño, que tiene como objetivo la prevención de conductas disruptivas o inadecuadas, como podrían ser pensamientos de carácter negativo o desafiante por nombrar algunos.

La psicología clínica infantil también busca el restablecimiento o mantenimiento de pensamientos y conductas adecuadas y positivas para el infante; en este sentido, en el presente artículo se explicara brevemente algunos de los trastornos mentales más comunes en infantes presentes en la atención psicológica clínica infantil.

Si usted cree que su hijo puede presentar alguno de estos problemas comunes en la infancia, la ayuda de un buen psicólogo infantil puede ayudarle a salir de esta situación con éxito.

Trastorno del desarrollo intelectual

Este trastorno de aparición usualmente temprana, que puede evidenciarse en las primeras etapas del desarrollo del infante, se caracteriza por limitaciones de la capacidad mental del niño. También puede llevar asociado una cierta dificultad para adaptarse a los distintos ambientes sociales.

Este trastorno se presenta en distintas grados, que pueden ir desde leve a profundo. En función de la gravedad del problema, la ayuda psicológica prestada al niño será diferente, teniendo ésta como objetivo usualmente el mejoramiento de las habilidades sociales y de adaptación del infante, al igual que la estimulación de las capacidades cognitivas.

Trastorno del espectro autista

Este trastorno se caracteriza, entre otras cosas, por la dificultad para expresarse emocionalmente al igual que por problemas relacionados con la interacción social. De igual forma, en algunos casos pueden presentarse comportamientos repetitivos que parecieran no tener un fin último, o incluso problemas graves relacionados con el habla.

La intervención en este trastorno está basada en la gravedad del mismo, y al igual que en el caso anterior, el objetivo se encuentra en la estimulación conducida y adecuada del infante con el objetivo mejorar sus capacidades adaptativas y sociales.

Trastorno por déficit de atención / hiperactividad

Este trastorno esta caracterizado por una serie de conductas de inatención y/o hiperactividad de tal intensidad que interfieren con la cotidianidad del infante. Si bien este trastorno usualmente es tratado con medicación, dentro de la psicología clínica infantil el objetivo es tratar de reducir la conducta impulsiva, así como lograr progresar en las distintas áreas en las que este trastorno pueda estar afectando al infante.

Por último, la psicología clínica infantil además de encargarse de la atención, prevención y restablecimiento de las conductas y pensamientos adecuados en el infante, también tiene como objetivo la guía de los padres en lo referente a la atención y cuidado del niño. Sin duda alguna la psicología brinda la posibilidad de comprender el motivo del comportamiento. En el caso de los niños, la psicología claramente es una herramienta clave para todo padre que desea ayudar a su hijo.

Es importante recordar que la atención temprana y aun más la prevención son fundamentales para asegurar el desarrollo adecuado y sano de los más pequeños.

Psicología para adolescentes

La adolescencia es una etapa en donde se experimentan nuevas situaciones a las que un niño no está acostumbrado, y que pueden llegar a ser abrumadoras si no se saben llevar. Es por eso que la psicología para adolescentes es tan importante, puesto que puede ayudar a los jóvenes a tener una orientación en cuanto a todas esas nuevas experiencias que les tocara vivir.

La etapa de la adolescencia empieza alrededor de los 12 años y continúa hasta llegar a los 21 años de edad aproximadamente. En este periodo se van a ver cambios a nivel comportamental, psicológico, social, emocional y físico en el adolescente. Debido a lo complejo de estos cambios, es importante que exista una guía como puede serlo la psicología para adolescentes. Con un psicólogo especializado en estos temas, el adolescente podrá tratar diversos temas que le estén sucediendo en su vida, y que muchas veces no sabrá cómo manejar por sí solo.

La importancia de entender a los adolescentes

Al margen de contar con la ayuda de un profesional o no, la psicología para adolescentes es algo que todo padre debe tener en cuenta en el momento en que el niño o niña entra en esta etapa. La adolescencia puede ser uno de los mejores momentos de la vida si se sabe cómo afrontar las situaciones que se le presenten al adolescente, puesto que teniendo herramientas necesarias podrá ser capaz de vivir nuevas experiencias satisfactorias. Esto es así porque la persona en esta etapa comienza a ser independiente, pero sin tener tantas responsabilidades como tendría un adulto.

¿Qué problemas se pueden presentar en la adolescencia?

Aunque no tiene por qué aparecer ninguna patología, en algunos casos se pueden presentar ciertos problemas específicos de esta estapa para los cuales la psicología para adolescentes podría servir de mucho y ayudar significativamente a salir bien parados tanto a los padres como a los adolescentes, guiando a estos últimos para que puedan convertirse en adultos sanos y felices.

Durante la adolescencia se está en un estado de inestabilidad constante, por lo cual el tener a un terapeuta como aliado puede servir de mucho para hacer frente a diversos problemas que se pueden presentar. Entre los más comunes encontramos los siguientes:

  • Adicciones: Cuando los adolescentes empiezan a compartir su vida con diversos grupos y a hacer vida social, pueden estar propensos a querer probar cosas nuevas, como son las drogas. Aunque el trabajo principal en este tema es el de prevención, informando al adolescente de los efectos de las drogas en el organismo, siempre existe el riesgo de que un joven pruebe o incluso acabe desarrollando una adicción. Un terapeuta especializado en estos temas será una ayuda enorme para ayudar a un adolescente a superar una adicción de este tipo.
  • Presión social: Ésta juega un papel importante en la vida del adolescente, que se verá tentado a comportarse de determinada forma para encajar con sus pares. Incluso, puede llegar a hacer cosas que vayan en contra de su educación o de lo que realmente quiere sólo para ser aceptado. El aprendizaje de habilidades como la asertividad o la resiliencia puede hacer más fácil lidiar con este problema.
  • Manejo de las emociones: Es importante para el adolescente contar con herramientas que lo ayuden a enfrentarse a las diferentes emociones con las que se encontrará durante esta etapa, que serán muchas y mezcladas debido a los cambios hormonales que se producen en la adolescencia. En muchas ocasiones estas emociones cambiantes pueden saturar a la persona, y un terapeuta le será de mucha ayuda.
  • Depresión: Este trastorno es cada vez más frecuente en la adolescencia. En las personas más jóvenes puede aparecer asociado a otros problemas como los trastornos alimenticios o los de ansiedad. Estas situaciones pueden volverse muy delicadas, por lo que los adolescentes y sus padres necesitarán la ayuda de un buen terapeuta para resolverlas.